En México, como en
otros países de América Latina, la historia de la relación
entre indígenas y el estado se ha formado "desde arriba" con un
proyecto nacional excluyente que ha pretendido desaparecer, incorporar,
integrar, aculturar a los indígenas para formar un México
homogéneo y la igualdad ciudadana. En las últimas décadas
la política indigenista sufre cambios hacia la aceptación
de la pluralidad al encontrarse el Estado acorralado por presiones internacionales
e internas propiciadas por el movimiento indio.
Desde abajo, a lo largo de la historia han surgido movimientos étnicos que buscan espacios públicos de participación en la nación. Que, aunque presentes desde el siglo XIX, toman mayor presencia y fuerza en las últimas décadas del presente siglo.
Las demandas de la lucha india son de carácter agrario, social y cultural relacionados entre si y donde uno de los aspectos centrales es el territorio. Se busca el reconocimiento de las diferencias culturales, el reclamo de derechos colectivos y de mayor participación política, se trata de lo que Guillermo de la Peña (1995) define como ciudadanía étnica , esto es, la redefinición de la participación social y política donde los indígenas sean interlocutores con el Estado, creen nuevas formas de representación, espacios públicos, donde se propicie el poder de decisión sobre los proyectos que les conciernen.
Muchos autores han tratado el tema del movimiento indio, sus demandas y su relación con el Estado-nación pero poco se ha hablado sobre lo que sucede al interior de las propias comunidades indígenas, las consecuencias que traen consigo estos intereses y cómo se van reconstruyendo o perfilando estas demandas desde las bases.
EL presente trabajo además de abordar a grandes rasgos la historia de la relación étnica pretende mostrar la construcción de procesos vinculados con las demandas indígenas al interior de una comunidad huichola a través de una escuela secundaria.
Los indígenas en México a lo largo de la historia
Para los liberales, las comunidades indígenas constituían un lastre para lograr entre otras cosas la igualdad frente a la ley. Incluso en el año 1830 se propuso en el congreso, el destierro de la palabra "indio" del uso público, como si ya no existieran, pero lo más que se logró fue que en ese tiempo se les hiciera referencia como los ‘llamados indios’. Se pretendía lograr una raza nacional por lo que se impulsaba el mestizaje. Sin embargo, como bien sabemos no se lograron los objetivos pretendidos; los indígenas persistieron, por lo que continuaron los obstáculos para la participación política concebida desde lo individual y racial. Algunos indígenas buscaban espacios de participación, pero el discurso racista del porfiriato los difuminó.
Después de la Revolución los indígenas seguían siendo vistos ante la ley sólo individualmente como ciudadanos sin distinciones étnicas. De la misma manera se seguía pensando en conformar una nación homogénea pero ya no tanto en términos raciales sino culturales, habría que conjugar elementos indígenas y no-indígenas y de esta manera ‘forjar’ la patria (Ver Gamio 1916). Fue así como se fue perfilando el indigenismo como una política que lograra el mestizaje cultural y que tomó como principal mecanismo la educación, a través de la cual había que ciudadanizar al indio. Sin embargo, en la práctica esta política parecía más bien pretender, mediante la incorporación del indígena, absorber una cultura por otra, enterrando los valores del grupo incorporado. Se creó el Departamento de Asuntos Indígenas desde donde se organizaron varios congresos indígenas regionales que abrieron un resquicio en la búsqueda de representación política indígena.
Estos intentos encontraron una vieja barrera que de nuevo cobraba fuerza: la idea de la unidad nacional y la modernización para la que los indígenas representaban un obstáculo. Más tarde Alfonso Caso y principalmente Gonzalo Aguirre Beltrán concebían que la barrera para que los indígenas participaran en lo que la nación y la ciudadanía les podía otorgar era las condiciones de poder en regiones de refugio interculturales. La intención del indigenismo era destruir esta estructura de poder y con esto acelerar el proceso de integración nacional, para lo que se crearon los centros coordinadores.
A finales de los sesenta la acción indigenista y su énfasis en la modernización desarrollista enfrentaron fuertes críticas desde diversos frentes. (De la Peña 1996) Dentro de los actores críticos del indigenismo se encuentran intelectuales indígenas que asumen su tarea desde la resistencia cultural. Se va conformando lo que Bertely (1998) llama el paradigma etnicista institucionalizado con la creación de la Dirección de Educación Indígena. Desde este organismo y a través del sistema de educación indígena bilingüe bicultural, se presente lograr la integración sociocultural partiendo de la revalorización de la lengua y culturas de cada grupo étnico para adquirir el conocimiento de la ‘cultura nacional’.
En la política indigenista, la formación de jóvenes indígenas que operaran como maestros y promotores de aculturación era una estrategia importante para lograr el cambio cultural y ‘mexicanizar al indio’, sin embargo, también propició mecanismos para el fortalecimiento de la cultura indígena y de la identidad étnica. Muchos de los indígenas de la nueva categoría de intermediarios culturales políticos, que construyen su indianidad como elemento de resistencia encabezaron organizaciones llamadas ‘indias’. Estos indígenas pretenden reivindicar la posición étnica y al interior de sus comunidades también han motivado transformaciones políticas, sociales y culturales, muchas de ellas encaminadas a enfrentar los retos que plantea el contexto del que forman parte.
Paralelo a este proceso el país, con crisis financieras, opta por el mundo de las transacciones internaciones que lo obligan a cambiar políticas internas. Una serie de acontecimientos como La declaración de los indios dictada por la Organización de las Naciones Unidas, el premio novel de la paz otorgado a Rigoberta Menchú entre otros, y lo focos rojos a nivel internacional como la democracia participativa, los derechos humanos y pluralismo (Gros 1997, Favre 1988, Bastos 1996), pero además las diferentes reuniones indígenas a diferentes niveles (local, estatal y nacional) donde van perfilando más claramente sus demandas y se unen en el reclamo de los derechos que les corresponden, presionan al estado a cambiar no sólo su política indigenista sino su proyecto de nación.
Ha habido cambios de apertura hacia la pluriculturalidad la firma del convenio 169 de la OIT y con esto las modificaciones del artículo cuarto constitucional, y en las leyes educativas dan prueba de ello. Sin embargo, entre la legislación y la práctica real de una concepción pluricultural, los mecanismos que la lleven a cabo sigue habiendo un gran trecho. Prueba de ello es que las demandas continúan y el más claro ejemplo es el ejército Zapatista de Liberación Nacional.
La lucha de los huicholes "desde abajo "
Los huicholes por su propio proceso histórico, de explotación, dominación y exclusión y los intercambios con otros pueblos indígenas, se unen en estos reclamos al movimiento indio. Las demandas de los huicholes, como las de otros pueblos indios, tienen su base en los problemas sobre el territorio pero se amplían a la búsqueda del reconocimiento de derechos culturales y políticos, de poder decidir sobre los asuntos que les atañen.
En esta búsqueda desarrollan mecanismos para hacer valer los cambios legislativos desde abajo y se preparan ante los nuevos retos que plantea el contexto. Un ejemplo de esto es la creación y puesta en marcha de un centro educativo a nivel secundaria.
Este centro educativo fue creado por los huicholes con apoyo de una organización no gubernamental. Los primeros consideran suya la secundaria y han desarrollado en la práctica el tipo de educación que quieren para sus hijos, mientras que los segundos únicamente tienen el papel de asesores
El contexto antes mencionado perfila los intereses que se traducen en discursos y situaciones educativas presentes en la secundaria, debido en gran parte a la apropiación que de la secundaria tienen los huicholes. Tanto maestros como padres de familia ven en el centro educativo un medio para formar jóvenes que lleguen a ser líderes e intermediarios políticos que contribuyan al cambio en la relación étnica, al fortalecer su identidad y buscar, a través de la acción, respeto y el reconocimiento de derechos colectivos. A lo largo del proceso educativo, los alumnos van apropiando este objetivo.
Existe un interés concreto aprender español para interactuar con las menores desventajas posibles y porque además, es la puerta para acceder a gran cantidad de información importante para resolver problemas presentes en la relación étnica. Además existe una preocupación, de parte de los diferentes actores que intervienen en la conformación del centro educativo, de cumplir con los requerimientos de la Secretaria de Educación Pública (SEP). Por un lado, para que los estudios sean reconocidos oficialmente y con esto poder continuar con los siguientes grados de preparación escolar pero, por otro lado, como un reclamo de acceder al derecho de estudiar lo mismo que otros jóvenes estudian.
En el centro educativo se siguen los programas establecidos por la Secretaria de Educación Pública pero se vinculan con temas relacionados con conocimientos locales y con la situación actual que viven los huicholes. Algunos ejemplos de la introducción de estos temas son: En el taller de actividades comunitarias que conjugan las asignaturas de historia, geografía y civismo, se introducen la geografía e historia de la región huichola, la estructura política y los principales problemas que se viven en donde destacan los territoriales; para la clase de matemáticas , en el tema de los censos poblacionales, los alumnos realizan un censo socioeconómico de sus propias localidades. Además se imparten talleres de derecho indígena donde se revisan el artículo cuarto constitucional y el convenio 169 de la OIT como herramientas que ayuden en la defensa de los derechos que tienen los huicholes como indígenas.
Todo esto tiene sentido al relacionarlo con las expectativas que se tienen sobre los alumnos. Si el deseo principal es formar líderes comunitarios e intermediarios políticos que apoyen y defiendan a su comunidad, resulta necesario no sólo conocer los códigos de la sociedad mayoritaria, sino también los problemas y los medios para defender su posición en la relación étnica.
Una de las experiencias que mayor impacto tiene en los alumnos es una asamblea escolar realizada todos los viernes. La asamblea constituye una práctica de resocialización que conjuga tanto contenidos (la convocatoria y el acta se escriben en español) como prácticas de vitalización de prácticas comunales, ya que al ser una réplica de las asambleas comunitarias los alumnos reciben formación sobre el deber ser y el deber hacer en los espacios de participación política de la comunidad. Para los alumnos esta situación educativa resulta de gran significado ya que consideran que les proporciona herramientas necesarias para lograr sus expectativas de ser líderes políticos y apoyar a sus comunidades.
Otro aspecto distintivo del centro educativo es que desde sus inicios se le dio validez desde las costumbres huicholas. En la inauguración, la secundaria se bendijo de la misma forma que se bendice un xiriki (adoratorio familiar). Además se introduce la cultura huichola en la escuela, especialmente a través de una clase especial llamada ‘clase de cultura wixarika’. Los maestros tienen la intención de retomar aspectos de la cultura huichola en las clases para que sea valorada y conservada por los alumnos. Si bien, en la clase de cultura, los primeros años los contenidos son un tanto abstractos (mitos, leyendas, sentido de las diferentes ceremonias) en el tercer año los temas se refieren a reflexiones sobre la relación étnica pero en general con un eje cultural. En esta clase el maestro trata de impulsar una reflexión de corresponsabilidad de los cambios culturales en la comunidad.
La secundaria refuerza fundamentalmente la identidad étnica en un discurso de apoyo y defensa de pueblo huichol en la relación con los no indígenas. La formación de los alumnos respecto a los problemas que en éste ámbito viven los huicholes y las prácticas de organización, participación pública y formación política, dan cuenta de cómo los huicholes están creando el tipo de educación que quieren para sus hijos de acuerdo a sus necesidades e intereses, las que giran en torno a la relación étnica-política. Es así como los discursos y demandas de los huicholes, como parte del movimiento indio, se traducen en acciones de formación con más herramientas para continuar el camino de búsqueda de espacios de participación, de poder de decisión sobre los asuntos que les atañen, de reclamo de derechos colectivos, de una relación étnica con las menos desventajas posibles.
A manera de conclusión
El ejemplo del centro educativo puede ser uno de tantos que ejemplifiquen que las demandas de la ciudadanía étnica no sólo se quedan en reclamos y discursos, sino que toman consistencia y coherencia al conjugarse con acciones concretas al interior de las comunidades para construir desde abajo la continuidad de esa lucha con bases más firmes.
Este ejemplo revela además cómo los indígenas utilizan la educación para preparase y conocer los códigos de la sociedad mayoritaria pero con el fin de reclamar el respeto a las diferencias y la ciudadanía étnica. Se apropian del mismo mecanismo que ha utilizado el Estado para catellanizarlos, imponer aspectos culturales y con esto integrarlos a la nación y ciudadanizarlos.
Con esto los huicholes muestran su capacidad de decidir sobre los asuntos que les atañen y no sólo eso sino su habilidad para crear y desarrollar acciones de acuerdo a sus intereses tomando en cuenta y apropiándose de las herramientas que el mismo Estado ha tenido como prioridad en el indigenismo e indianismo. De esta manera los huicholes hacen valer, en el campo, las modificaciones legislativas, convenios y planes educativos.
Sin embargo, hace falta que desde el Estado se acorte el gran trecho entre el discurso y su operativización, se propicien e impulsen estos procesos de iniciativa indígena. Son necesarias acciones no sólo desde abajo o desde arriba, sino de ambos lados para que exista realmente un diálogo crítico y de real participación para construir un proceso democratizador, así como problematizar y discutir el concepto de ciudadanía en referencia a un proyecto nacional incluyente.
Para esto será necesario respetar dentro y fuera de las comunidades indígenas el respeto de los derechos colectivos y los derechos individuales y en último análisis, cuestionar y replantear las concepciones sobre diferencia como singularidad excluyente y de igualdad como homogeneidad. En este sentido se debería considerar la propuesta de Luis Villoro (1995) en donde la igualdad no parte de tener características comunes, sino de capacidades para decidir.
Bibliografía
* Bastos, Santiago.
1996 "Los indios, nación
y el nacionalismo ", en Espiral. Estudios sobre Estado y Sociedad,
Vol. II, número 6, mayo-agosto.
* Bertely, Mería.
1998 Educación Indígena
del siglo XX en México, Florescano (crod.), CONACULTA, Siglo XIX,
México.
* De la Peña, Guillermo.
1995 "La ciudadanía
étnica y la reconstrucción de los indios en el México
contemporáneo", en Revista Internacional de Filosofía
Política, Número 6.
* Favre, Henri.
1998 El indigenismo, FCE,
México
* Gamio, Manuel.
1916 Forjando Patria, Porrúa
Sepan Cuantos, 2da de. 1989, México.
* Gros, Chrisitan.
1997 "Indigenismo y etnicidad
el desafío neoliberal ", en Antropología en la modernidad,
Instituto Genivsiano de Antropología, Colombia.
Villoro, Luis.
1995 "Igualdad y diferencia;
un dilema político" en Básica, SNTE, noviembre-diciembre,
México.
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